jueves, agosto 05, 2010

El límite es la formalidad

A lo largo de la historia se han instaurado aleatoriamente un sinnúmero de reglas sociales, las cuales rigen desde nuestro hablar hasta nuestro actuar; ¿Quién dice que algo es correcto o no? ¿De dónde salieron los cánones humanos?... Acaso lo que decimos y como los hacemos ¿es más importante que nosotros mismos? Estas y muchas otras preguntas se podrían desprender de aquí, como por ejemplo ¿qué se ha creído el protocolo para venir a decirnos quién es más importante, y ser dignos de una bienvenida antes o después de otro? No importa que jerárquicamente tengan un rango superior o mayor, un saludo proviene del fondo de nuestro ser, por lo que no debería ser regido por entes objetivos como el protocolo, por ello, hoy no saludo a nadie en orden definido, ni tampoco en uno indefinido… sólo me limito a decirle; os doy un cálido y acogedor saludo, a cada uno de ustedes, pero a nadie en particular y a todo en general, pues para mi todos valéis igual, y no merecéis ser desplazado a alguna posición, aunque siendo franco, a más de alguno de ustedes no los saludaría, pero por ser una ocasión como ésta caigo en el cinismo de saludaros a todos.

Dejando el saludo atrás, y retomando el tema de las reglas sociales, aunque yo, ustedes, nosotros como sociedad estemos de acuerdo con, quizás, la mayoría de ellas, mas hoy les quiero manifestar mi descontento con una de ellas, la formalidad, pero más que ella en totalidad, con la formalidad estereotipada…

Si bien las parodias, sátiras e ironías, son usadas en forma burlesca, éstas si son bien usadas, de una forma inteligente, no cayendo en las mofas estúpidas y sin sentido, se vuelven una forma de expresión seria tan válida, como otras. Y aunque se piense que sólo denigran la integridad de otros, mediante burlas y humillaciones, no es más de lo que hace la argumentación, por ejemplo, ya que ésta en sus argumentos y contraargumentos, hace lo mismo, aunque no caigan en falacias como Ab Hominem, lo siguen haciendo, ya que con su frases bien estructuradas tácitamente insultan y denigran a los elementos debatidos y a los “contrincantes”, ya que sólo mientras más abajo quede el contrincante, más fácil será que los receptores acepten los argumentos, y generalmente ninguno tiene la razón, sólo tienen verdades a media, si bien esto parece ser un ensañamiento contra la retorica y la argumentación, lo que os digo es verdad, generalmente la gente, que por así decirlo, posee el “don del habla”, lo utiliza para defenderse muy cruelmente, y las personas que no son capaces de defenderse a ese nivel se frustran por ello, como sé que le ha pasado a muchos de nosotros, en algún momento. Y tampoco es que llame a hacer parodias de lo se nos ocurra, sino que os llamo a que si tienen alguna forma creativa de darse a escuchar, no le corte las alas a sus ideas, sino que prosigan con ellas; que no les importe si no son tomados en serio, o lo ridículo que parezca; ya que de lo contrario estarán respetando reglas absurdas de una cuadrada sociedad, y aunque lo más probable es que sean escuchado, tomados en serio, y seguramente aceptados sus discursos, estarán faltándole el respeto a su mente, su creatividad, su imaginación, su espíritu, y junto a todo eso a ustedes mismos.

Estarán encasillando su alma, un ente libre, y mientras más almas se vean encerradas en una jaula creada por ustedes mismos, sí, por ustedes mismos, ya que ustedes la hacen, cada uno de ustedes, no la hace la sociedad, a la cual nosotros también hacemos, entonces estaríamos también encerrando a la sociedad en un ambiente de estereotipos, los cuales sirven como comburentes, y nuestras almas serían el combustible, y la chispa que define si son cremadas, a la deriva en el mar junto a nuestra creatividad incinerada, es dada por nosotros mismos, por lo cual nosotros mismos, ustedes y yo, somos quienes guiamos nuestra chispa a la destrucción o a la creación.

Por mucho que lo parezca, esto no es una guerra a la formalidad, sino una guerra contra la auto-opresión, pues si su alma en libertad esta cómoda en formalidad, no hay problema alguno, el problema es cuando nos sometemos a esta formalidad, cuando no nos sentimos a gusto con ella, cuando nos limitamos por ella, y no sólo en nuestras palabras, ni nuestra forma de expresarnos, sino también como en vestimos; Cuando una corbata te asfixia las ideas, quítatela, si sientes que los trajes formales cubren eufemísticamente tu cuerpo, sácatelos y vístete con la ropa que realmente sientas que te refleja, que muestra t verdadera esencia.

Y como ya he reiterado a los largo de éste discurso, no os llamo a una anárquica guerra contra la formalidad, sino que os llamo a escuchar sus corazones y que los consideren al momento de actuar, no relegando a la mente, balanceando, pero que siempre sea a favor de la libertad de sus almas, la libertad de pensamiento, de expresión, de sentimiento, de amar, de odiar… no encarcelen vuestras almas, pues estas languidecerán y morirán con el tiempo…

Sin más palabras que “el pensamiento es como el agua, si ésta se estanca por mucho tiempo se vuelve turbia y tóxica para las personas, siendo muy difícil que se vuelva potable nuevamente” os doy las gracias por su atención.